Serracín es un lugar con alma antigua, situado en una ladera que mira al horizonte con serenidad. Sus casas de piedra y madera se agrupan en torno a la iglesia, al abrigo del monte, como si quisieran protegerse del tiempo sin renunciar a la luz.
La iglesia de San Juan Bautista, con su ábside románico y su encanto sencillo, es el corazón espiritual del pueblo, junto con el frontón, el potro y las eras que recuerdan los trabajos comunales de otra época. Serracín es un ejemplo de pueblo vivo, donde las tradiciones no son reliquias, sino parte activa de la vida cotidiana.
«Serracín: un pueblo vivo donde la historia y el presente caminan juntos.»
La Asociación de Vecinos de Serracín impulsa una intensa actividad cultural y vecinal: encuentros intergeneracionales, meriendas populares, talleres, recuperación de caminos, señalización del patrimonio… Todo con un objetivo común: mantener el arraigo y fortalecer los vínculos entre quienes viven, vuelven o simplemente aman este rincón de la Sierra.
El pueblo en imágenes

